Rezo del Vía Crucis 2026

Compartimos el texto del rezo del Vía Crucis que realizaremos con la imagen de Nuestro Señor de la Humildad en el Prendimiento.

Por la señal de la Santa Cruz…

El Vía Crucis es un camino de oración y meditación que nos invita a recorrer, con el corazón lleno de fe, los pasos de Jesús en su Pasión. En este ejercicio, nos detenemos en un momento clave de su entrega: el Prendimiento en el Huerto de los Olivos. Allí, en Getsemaní, Cristo, en su infinita humildad, acepta la voluntad del Padre y se entrega mansamente a sus captores, mostrando con su actitud la grandeza del amor y la
obediencia.

La imagen de Nuestro Señor de la Humildad en el Prendimiento nos ayuda a contemplar este misterio con mayor profundidad. En su rostro se refleja la serenidad de quien, aun conociendo el sufrimiento que le espera, no duda en aceptar su misión redentora.

Su mirada nos interpela, nos llama a seguirle, a confiar en Dios en medio de nuestras pruebas y a responder con humildad y amor ante la adversidad. Que este Vía Crucis nos ayude a vivir con mayor entrega y devoción, aprendiendo del Maestro el verdadero significado del sacrificio y la humildad.

Oración

Señor Jesús de la Humildad, en la noche de tu Prendimiento aceptaste ser atado y entregado por amor a nosotros. No huiste, no respondiste con violencia, no rechazaste la voluntad del Padre. Nos enseñaste que la verdadera fuerza nace de la humildad y de la
confianza en Dios. Hoy tu Agrupación se reúne para acompañarte en el rezo del Vía Crucis. Queremos caminar contigo, aprender de tu mansedumbre y renovar nuestra fe al contemplar tu Pasión.

Danos un corazón humilde, firme en la prueba y generoso en el servicio. Que este camino que comenzamos nos acerque más a Ti y nos haga vivir como verdaderos hermanos tuyos.
Amén.

PRIMERA ESTACIÓN

JESUS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (14, 32-36)

Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras yo oro». Tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir terror y angustia. Y les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad». Y adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, pasara de él aquella hora. Decía: «Abbá, Padre, todo es posible para ti; aparta de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya».

Meditación

Jesús, en la soledad del Huerto de los Olivos, siente el peso del dolor y la angustia. Su alma está turbada, sufre en lo más profundo, pero en su oración nos da la mayor lección de abandono en Dios: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. En medio de su sufrimiento, confía plenamente en el Padre y acepta su misión redentora.

También nosotros, en los momentos de prueba, experimentamos miedo e incertidumbre. Nos cuesta aceptar el sufrimiento, pero Jesús nos enseña que la entrega confiada en Dios es el camino. En Getsemaní, Él nos muestra que, aunque todo parezca oscuro, el amor del Padre nos sostiene y nos guía.

Oración

Señor Jesús, en Getsemaní aceptaste con humildad el cáliz del sufrimiento y te abandonaste a la voluntad del Padre. En medio de la angustia, confiaste. Que, siguiendo tu ejemplo, aprendamos a decir con fe: «Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya».

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

SEGUNDA ESTACIÓN

JESUS ES TRAICIONADO POR JUDAS Y ARRESTRADO

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (14, 43-46)

Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una turba con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una señal, diciendo: «Aquel a quien yo bese, ese es; prendedlo y llevadlo bien sujeto». Apenas llegó, acercándose a Jesús, le dijo: «Rabí», y lo besó. Entonces le echaron mano y lo arrestaron.

Meditación

La traición de Judas es uno de los momentos más dolorosos de la Pasión. Un amigo, un discípulo, alguien que compartió con Jesús su vida y su enseñanza, lo entrega con un beso, un gesto de amor convertido en señal de traición. Jesús, sin embargo, no se resiste ni responde con ira. Acepta el Prendimiento con humildad y mansedumbre, mostrando su amor incluso a quienes lo entregan.

En nuestra vida, también podemos sentir la herida de la traición, el dolor de la incomprensión o el abandono de quienes considerábamos cercanos. Pero Jesús nos enseña a no responder con odio ni rencor, sino con amor y confianza en Dios. Él nos invita a ser fieles, incluso cuando los demás nos fallan, y a mantenernos firmes en la verdad, aunque ello implique sufrimiento.

Oración

Señor Jesús, Tú conociste el dolor de la traición y lo enfrentaste con amor y humildad. Enséñanos a perdonar a quienes nos hieren y a confiar en la voluntad del Padre en medio de la adversidad. Danos un corazón fiel, que no se aparte de Ti por miedo o por debilidad, y que se mantenga firme en la verdad y en el amor.

Que aprendamos de Ti la paciencia y la fortaleza, y que en cada prueba nos sostenga tu misericordia.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

TERCERA ESTACIÓN

JESUS ES CONDENADO POR EL SANEDRIN

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (14, 55-64)

Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. Muchos testificaban falsamente contra Él, pero sus testimonios no coincidían. Entonces el sumo sacerdote se levantó en medio de la asamblea y preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos atestiguan contra ti?» Pero Él permanecía en silencio y no respondía nada.

De nuevo el sumo sacerdote le preguntó: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?» Jesús respondió: «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y venir entre las nubes del cielo». Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y dijo: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?» Y todos lo declararon reo de muerte.

Meditación

Jesús, el Inocente, es condenado injustamente por el Sanedrín. Frente a las falsas acusaciones, guarda silencio. No se defiende, no busca justificar su causa, sino que se abandona en las manos del Padre. Su testimonio es claro: Él es el Hijo de Dios, y esa verdad es la que lo lleva a la condena.

Cuántas veces también en nuestra vida sufrimos la injusticia, el juicio de los demás, la calumnia o la incomprensión. Nos duele ser malinterpretados, ver que nuestras intenciones son tergiversadas. En esos momentos, Jesús nos enseña que la verdad no necesita gritar ni defenderse con violencia. Su fortaleza está en la confianza en Dios, en la certeza de que la justicia divina prevalecerá sobre la mentira del mundo.

Oración

Señor Jesús, condenado injustamente, ayúdanos a permanecer fieles a la verdad incluso cuando nos cueste sufrir por ella. Enséñanos a callar cuando las palabras sobran y a confiar en el Padre cuando el juicio de los demás nos agobie. Danos la serenidad y la fortaleza para aceptar las pruebas con humildad, y que en medio de la injusticia nunca perdamos la paz que viene de Ti.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

CUARTA ESTACIÓN

JESUS ES NEGADO POR PEDRO

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (14, 66-72)

Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una de las sirvientas del sumo sacerdote. Al ver a Pedro calentándose, lo miró y dijo: «Tú también estabas con Jesús de Nazaret». Pero él lo negó diciendo: «No sé ni entiendo lo que dices». Y salió fuera, al zaguán. Entonces, un gallo cantó. La sirvienta, al verlo de nuevo, comenzó a decir a los presentes: «Este es uno de ellos». Pero él volvió a negarlo. Poco después, los que estaban allí dijeron a Pedro: «Seguro que eres uno de ellos, pues también eres galileo». Pero él comenzó a maldecir y a jurar: «No conozco a este hombre de quien habláis». Inmediatamente, el gallo cantó por segunda vez. Entonces Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres». Y se puso a llorar.

Meditación

Pedro, el discípulo fiel, el que prometió seguir a Jesús hasta la muerte, en el momento de la prueba lo niega tres veces. El miedo lo paraliza, el peligro lo hace dudar, y sus palabras de fidelidad se desvanecen ante la presión de los demás. Pero cuando el gallo canta, recuerda las palabras del Maestro y su corazón se rompe en un llanto amargo.

También nosotros, en muchas ocasiones, negamos a Jesús. Lo negamos cuando nos avergonzamos de nuestra fe, cuando callamos por miedo a ser juzgados, cuando preferimos nuestra comodidad antes que dar testimonio de su amor. Sin embargo, la mirada de Jesús sigue posándose sobre nosotros con misericordia, esperando nuestro arrepentimiento sincero. Pedro lloró, pero después se levantó y siguió adelante. Que también nosotros tengamos la humildad de reconocer nuestras debilidades y la confianza en el perdón de Dios.

Oración

Señor Jesús, cuántas veces, como Pedro, te hemos negado por miedo o debilidad. Danos la valentía para ser testigos fieles de tu amor en todo momento. Ayúdanos a no dejarnos vencer por el temor ni por la presión del mundo, y que, cuando caigamos, sepamos volver a Ti con un corazón arrepentido. Que tu mirada de misericordia nos levante y nos impulse a seguirte con fidelidad.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

QUINTA ESTACIÓN

JESUS ES JUZGADO POR PILATO Y CONDENADO A MUERTE

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (15, 1-5, 15)

Muy de mañana, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín, después de haber deliberado, llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Él le respondió: «Tú lo dices». Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato volvió a preguntarle: «¿No respondes nada? Mira cuántas cosas testifican contra ti». Pero Jesús no respondió nada más, de modo que Pilato estaba asombrado. Queriendo dar gusto a la multitud, Pilato les soltó a Barrabás, y después de hacer azotar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado.

Meditación

En este momento crucial de la Pasión, Pilato, aunque reconoce la inocencia de Jesús, cede ante la presión de la multitud y, buscando su propio interés y la aceptación de las masas, lo condena a muerte. Jesús es entregado para ser crucificado, sin ninguna defensa, sin acusación justa.

Este juicio, lleno de injusticia y cobardía, refleja la lucha entre la verdad y el poder terrenal. Jesús, sin embargo, permanece en silencio, sin defenderse, sin maldecir a sus acusadores. Él sabe que su misión es redentora y que la cruz será el camino hacia la salvación del mundo. La condena de Jesús nos invita a reflexionar sobre las veces que, por miedo o comodidad, también nosotros preferimos ceder ante las presiones y no hacer lo que es justo.

Oración

Señor Jesús, ante Pilato fuiste juzgado injustamente y condenado a muerte por la cobardía y la indiferencia de quienes te rodeaban. Ayúdanos a ser valientes y fieles a la verdad, sin temer el juicio del mundo. Que, como Tú, sepamos aceptar las injusticias con serenidad y confiar en la voluntad del Padre, incluso cuando parezca que el mal vence.

Te pedimos que nos des el coraje de defender lo justo y la fuerza para no rendirnos en los momentos de prueba.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

SEXTA ESTACIÓN

JESUS ES FLAGELADO Y CORONADO DE ESPINAS

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (15, 16-19)

Los soldados lo llevaron al interior del palacio, es decir, al pretorio, y reunieron a toda la tropa. Lo vistieron con una capa color púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron sobre su cabeza. Y comenzaron a saludarlo: «¡Salve, rey de los judíos!». Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, postrándose, lo adoraban.

Meditación

Jesús, el Rey de Reyes, es sometido al sufrimiento más humillante. No solo es azotado, sino que sufre el escarnio de ser coronado con espinas, una burla cruel que se convierte en símbolo de su sacrificio. Los soldados, sin comprender, lo ridiculizan, lo golpean y lo escupen, sin saber que están ante el Salvador del mundo.

En esta estación, vemos cómo Jesús acepta el sufrimiento por amor a nosotros. Él no se defiende, no huye, porque sabe que su sacrificio tiene un propósito divino: salvarnos a todos. Cada golpe, cada burla, es un acto de amor y obediencia a la voluntad del Padre.

Nos invita a reflexionar sobre cómo respondemos al sufrimiento en nuestras vidas. A menudo evitamos el dolor a toda costa, pero Jesús nos enseña que en la aceptación del sacrificio y la humildad se encuentra la verdadera victoria.

Oración

Señor Jesús, al ser azotado y coronado de espinas, soportaste humillaciones y sufrimientos por amor a nosotros. Danos la fortaleza para aceptar con paciencia las pruebas que nos tocan, y ayúdanos a ser humildes en nuestro sufrimiento.

Que podamos unir nuestras cruzadas a la tuya, sabiendo que en el dolor también Tú estás con nosotros. Ayúdanos a vivir con más amor y compasión, como Tú lo hiciste en tu Pasión.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

SÉPTIMA ESTACIÓN

JESÚS CARGA CON LA CRUZ

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (15, 20-22)

Después de haberse burlado de Él, le quitaron la capa color púrpura, le pusieron sus propios vestidos y lo sacaron para crucificarlo. Fueron a un lugar llamado Gólgota, que significa «lugar de la calavera».

Meditación

Jesús, después de ser azotado y burlado, recibe la cruz, el instrumento de su muerte, y comienza a caminar hacia el Calvario. Carga con todo el peso de la cruz, símbolo de nuestros pecados, de nuestra debilidad y de nuestro sufrimiento. Cada paso es un acto de amor, de sacrificio y de obediencia al Padre. Jesús no huye de la cruz, la asume con valentía, sabiendo que ese es el camino hacia nuestra salvación.

En nuestra vida, también somos llamados a cargar nuestras cruces: los desafíos, las dificultades, las pruebas que encontramos. Pero, como Jesús, debemos aprender a llevarlas con fe y esperanza. No estamos solos en el camino, Él nos acompaña en nuestro sufrimiento y nos da la fuerza para seguir adelante.

Oración

Señor Jesús, al cargar la cruz nos enseñas a aceptar nuestras propias pruebas y sufrimientos con humildad y amor. Danos la fortaleza para cargar nuestra cruz con esperanza, sin perder la fe, sabiendo que Tú siempre estás con nosotros.

Que tu sacrificio nos inspire a seguirte con valentía, aceptando las dificultades como parte del camino hacia la salvación.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

OCTAVA ESTACIÓN

JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRINEO A LLEVAR LA CRUZ

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (15, 21)

Los soldados obligaron a uno que pasaba, un tal Simón de Cirene, que venía del

campo, padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara la cruz de Jesús.

Meditación

En este momento del camino hacia el Calvario, Jesús, agobiado por el peso de la cruz y debilitado por el sufrimiento, recibe la ayuda de Simón de Cirene. Este hombre, un simple espectador, es obligado a llevar la cruz, pero su gesto, aunque involuntario, se convierte en un acto de compasión. A través de él, Dios nos muestra cómo, a veces, nuestra misión en la vida es ser ese apoyo que otros necesitan para cargar su cruz.

El Cirineo no buscó esta carga, pero, al ayudar a Jesús, se convierte en un instrumento de consuelo. A veces, en nuestra vida, nos encontramos con la oportunidad de ayudar a otros en su sufrimiento, aunque no lo busquemos o no nos sintamos preparados. Jesús nos invita a ver la cruz de los demás y a ayudarlos a llevarla.

Oración

Señor Jesús, gracias por mostrarnos el valor de la ayuda en los momentos de sufrimiento. Al recibir la ayuda del Cirineo, nos enseñas que no estamos llamados a cargar nuestros cruces solos, sino que debemos ser solidarios y ayudarnos mutuamente.

Danos ojos para ver las cruces de los demás y corazones generosos para ayudarles a llevarlas. Que, en nuestros gestos de ayuda y compasión, podamos ser un reflejo de tu amor y misericordia.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

NOVENA ESTACIÓN

JESÚS ENCUENTRA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Lucas (23, 27-31)

Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres que se lamentaban y se dolían por Él. Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque vendrán días en que dirán: ‘Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron’. Entonces comenzarán a decir a los montes: ‘Caed sobre nosotros’, y a las colinas: ‘Cubridnos’. Porque si en el árbol verde hacen esto, ¿qué no harán en el seco?».

Meditación

Mientras Jesús avanza hacia el Calvario, agotado y abatido por el sufrimiento, un grupo de mujeres de Jerusalén se lamenta y llora por Él. Ante su dolor, Jesús les habla con un mensaje de profunda reflexión. No se centra en su propio sufrimiento, sino que les invita a mirar más allá, a comprender que lo que está sucediendo es solo un anticipo de las dificultades que vendrán para toda la ciudad de Jerusalén y su pueblo. Les pide que no lloren por Él, sino por ellas mismas y por los que sufrirán las consecuencias de la incomprensión y el pecado.

Este encuentro nos recuerda que el sufrimiento de Jesús no es solo un sufrimiento aislado, sino que está ligado al sufrimiento del pueblo. Jesús se identifica con todos los que sufren y nos enseña a mirar el sufrimiento del mundo, no solo el nuestro.

Oración

Señor Jesús, en medio de tu sufrimiento, no pensaste solo en Ti, sino en el sufrimiento de los demás. Ayúdanos a mirar más allá de nuestro dolor y a ser sensibles al sufrimiento de quienes nos rodean.

Te pedimos que nos des un corazón compasivo, capaz de llorar con los que lloran y de luchar por la justicia y la paz. Que, como Tú, podamos ser instrumentos de consuelo y esperanza en medio de las dificultades.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

DÉCIMA ESTACIÓN

JESÚS ES CRUCIFICADO

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (15, 24-25)

Los soldados lo crucificaron y, después de repartir sus vestiduras, echaron suertes sobre ellas para ver qué se llevaría cada uno. Era la hora tercera cuando lo crucificaron.

Meditación

En este momento de la Pasión, Jesús es clavado en la cruz, el instrumento más cruel de ejecución de su tiempo. La escena es desgarradora: su cuerpo, torturado y exhausto, queda suspendido entre el cielo y la tierra. Los soldados se reparten sus ropas, ajenos al sufrimiento que Él está viviendo. La multitud, que observaba desde lejos, no comprendía el profundo sacrificio que se estaba llevando a cabo.

Este es el momento culminante del amor de Jesús por nosotros: Él da su vida por la salvación del mundo. A través de la cruz, Jesús nos muestra el rostro de un amor que no tiene límites, un amor capaz de abrazar todo el dolor humano. En su sacrificio, Él toma sobre sí el pecado del mundo y lo vence, dándonos una nueva esperanza, una nueva vida.

El crucifijo no es solo un símbolo de sufrimiento, sino también de victoria. En la cruz, Jesús conquista el mal y la muerte, y nos invita a vivir en la luz de su resurrección. Hoy, como cristianos, estamos llamados a mirar la cruz con gratitud, sabiendo que en ella encontramos la fuerza para enfrentar nuestras propias cruces.

Oración

Señor Jesús, en la cruz diste tu vida por nosotros, mostrando el mayor acto de amor que el mundo ha conocido. Ayúdanos a comprender el sacrificio que realizaste por nuestra salvación y a vivir cada día con gratitud por ese don inmenso.

Te pedimos que, al mirar la cruz, encontremos consuelo y fortaleza en nuestros momentos de sufrimiento. Que podamos seguirte con fidelidad, llevando nuestras propias cruces con la esperanza de tu resurrección.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

UNDÉCIMA ESTACIÓN

JESUS CRUCIFICADO, LA MADRE Y EL DISCIPULO

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Juan (19, 25-27)

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba allí, le dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo:

«Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Meditación

En este momento tan doloroso, cuando Jesús está clavado en la cruz, Él no solo piensa en su sufrimiento, sino en los que quedan detrás. Mira a su madre, María, y al discípulo amado, Juan, y les encomienda el uno al otro. Jesús, aunque en su agonía, asegura que su madre no quedará sola; Él le da un hijo en Juan, y a Juan le da una madre en María. Este acto profundo de amor nos muestra cómo Jesús siempre se preocupa por los demás, incluso en su último momento.

A través de este gesto, Jesús nos invita a ver a María no solo como su madre, sino también como nuestra madre espiritual. En nuestra vida de fe, debemos acudir a María, quien es nuestra madre en el Espíritu, para que nos acompañe y nos guíe en nuestro caminar hacia su Hijo.

Oración

Señor Jesús, al dar a tu madre a Juan, también nos la das a nosotros. Ayúdanos a recibir a María en nuestras vidas como madre y guía, y a seguir su ejemplo de fe y amor incondicional. Que, como Ella, aprendamos a estar cerca de Ti en los momentos de sufrimiento y a vivir con esperanza en Tu resurrección.

Gracias por el amor que nos muestras, al confiar en tu madre y en tus amigos, aun en tu último suspiro.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

DUODÉCIMA ESTACIÓN

JESUS MUERE EN LA CRUZ

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (15, 33-37)

Cuando llegó la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y a la hora novena, Jesús gritó a gran voz: «Eloí, Eloí, lama sabactani?», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Algunos de los que estaban presentes, al oírlo, decían: «Mira, está llamando a Elías». Uno de ellos corrió, empapó una esponja en vinagre, la puso en una caña y se la ofreció para beber, diciendo:

«Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo». Pero Jesús, dando un gran grito, expiró.

Meditación

Este es el momento culminante de la Pasión: Jesús muere en la cruz. Su sacrificio, hecho por amor a la humanidad, es un acto final de obediencia al Padre y un acto de amor incondicional por cada uno de nosotros. El grito de Jesús, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» expresa el dolor más profundo de su alma, pero también es un acto de confianza en Dios, incluso en la más profunda oscuridad.

La muerte de Jesús no es el fin, sino el comienzo de la salvación. Él toma sobre sí todo el pecado del mundo para ofrecernos el perdón y la vida eterna. Su sacrificio nos da esperanza, porque sabemos que la muerte no es su última palabra. En su muerte, también nos invita a morir al pecado y a vivir en Él.

Oración

Señor Jesús, en tu muerte, nos diste la vida. Ayúdanos a comprender el misterio de tu sacrificio y a vivir cada día con gratitud por el perdón que nos has dado. Que, al morir con Él al pecado, podamos resucitar con Él a una vida nueva, llena de esperanza, amor y fe. Te pedimos que nos des la gracia de seguirte hasta el final, como Tú lo hiciste por nosotros.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

DÉCIMOTERCERA ESTACIÓN

JESUS ES BAJADO DE LA CRUZ Y PUESTO EN BRAZOS DE SU

MADRE

V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Juan (19, 38-40)

José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Él fue y se llevó el cadáver; fue también Nicodemo, el cual lo había visitado una vez por la noche, llevando cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cadáver de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los perfumes, como es costumbre enterrar entre los judíos.

Meditación

En las situaciones duras es donde se valoran los amigos. A Jesús lo habían abandonado todos los que él un día llamó a que le siguieran, salvo Juan que acompañó hasta el final a Jesús y a su madre, José de Arimatea y Nicodemo, que realizan la mayor obra caritativa de toda la pasión de Jesús, entregar el cadáver a María.

Delante de Ella, atravesada de dolor por cinco puñales de Angustias, que representan los cinco grandes dolores sufridos a lo largo de la Pasión, queda el cadáver de Jesús. La Madre, llora en silencio a aquél a quien tanto amó y cuyas palabras conservó hasta el final en el corazón.

Oración

Señor Jesús, al contemplar este divino misterio, te pedimos que nos concedas un corazón sensible ante el dolor de los demás. Da a esta Agrupación y a sus miembros la fuerza y valentía necesarias para anunciarte sin perjuicios a todos los hombres.

Que nadie pase hambre porque nosotros compartimos. Que recibamos tu perdón, porque nosotros perdonamos como tú nos perdonas, siempre y a pesar de todo.

Que no caigamos de vivir nuestra vida como si tú no existieras; que seamos ejemplo de vida para todos los que nos rodean; y líbranos del poder de los males. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amen

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN

JESÉS ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según San Marcos (15, 46)

José de Arimatea compró una sábana, bajó el cuerpo de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo depositó en un sepulcro que estaba excavado en una roca. Luego hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.

Meditación

Después de la muerte de Jesús, su cuerpo es cuidado con reverencia y colocado en un sepulcro nuevo. José de Arimatea, un hombre valiente y justo, se encarga de darle un lugar digno, envolviéndolo en una sábana y poniendo una piedra para sellar la entrada.

Es un gesto lleno de respeto y amor por el Maestro que ha dado su vida por todos. Este momento marca el fin de un capítulo: el cuerpo de Jesús, que sufrió y murió en la cruz, ahora reposa en el sepulcro. Pero la historia no termina aquí. La oscuridad del sepulcro es solo el preludio de la luz de la resurrección. En el sepulcro, el silencio no es derrota, sino la esperanza de la victoria que se avecina.

La sepultura de Jesús nos invita a reflexionar sobre la esperanza cristiana: aunque la muerte sea una realidad, en Jesús encontramos la promesa de una nueva vida, la victoria sobre la muerte y el pecado. Esta estación es un momento de recogimiento, en el que nos preparamos para recibir la luz de la resurrección.

Oración

Señor Jesús, al ser depositado en el sepulcro, nos recuerdas que, aunque el dolor y la muerte parezcan ganar, siempre hay esperanza. Gracias por el sacrificio que has hecho por nosotros y por abrirnos el camino a la vida eterna.

Que, al meditar en este momento de silencio y espera, podamos mantener viva la esperanza de tu resurrección y vivir con la confianza de que, en Ti, la muerte no tiene la última palabra.

Amén.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

V/ Señor, pequé

R/ ten piedad y misericordia de mí.

ORACIÓN FINAL

Señor de la Humildad, al concluir este piadoso Vía Crucis en el que hemos contemplado tu camino de dolor y de entrega, te damos gracias por permitirnos acompañarte espiritualmente en los pasos de tu Pasión. Tú, que aceptaste con amor el peso de la cruz para redimir al mundo, haz que sepamos comprender la grandeza de tu sacrificio y el misterio infinito de tu misericordia.

Mira, Señor, a este pueblo que hoy se reúne a tus plantas. Concede a nuestros corazones la gracia de vivir con sencillez, paciencia y fidelidad al Evangelio, siguiendo siempre las huellas que nos dejaste en el camino del Calvario. Danos fortaleza para cargar con nuestras propias cruces y confianza para no desfallecer en medio de las pruebas, sabiendo que en Ti encontramos consuelo, esperanza y vida nueva.

Te pedimos también por tu Agrupación Parroquial, por cuantos te rezan, te sirven y te aman. Bendice nuestros hogares, fortalece nuestra fe y haz que sepamos ser testigos de tu amor en medio del mundo, llevando tu luz allí donde haya oscuridad, consuelo donde haya dolor y fraternidad donde haya división.

Señor de la Humildad, que tu ejemplo de entrega total permanezca siempre vivo en nuestras vidas y nos conduzca un día a contemplarte glorioso en la eternidad.

Amén.

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